lunes, 19 de septiembre de 2011

99 GLOBOS

Les presento un impactante testimonio que pulveriza todos los argumentos a favor del aborto y la eutanasia. Se trata de la historia de Eliot Hartman Mooney, un niño nacido con una trisomía 18 y que sólo vivió 99 días. Sus padres, desoyendo el “consejo” de los médicos, se negaron a abortarlo cuando en el séptimo mes de gestación se les comunicó que su hijo nacería con una enfermedad congénita “incompatible con la vida”. Hay que decir que la mayoría de los niños que padecen esta trisomía no superan las primeras semanas de vida, y muy pocos llegan a cumplir su primer año.

Matt y Ginny Mooney, llevados por su fe en Dios, aceptaron su sufrimiento y recibieron a su hijo como lo que realmente es: un don. Eliot nació en el verano de 2006 con un severo defecto congénito que incluía problemas pulmonares, neurológicos, alimenticios y una grave cardiopatía.Vivimos en una sociedad deshumanizada donde muchos médicos de forma rutinaria aconsejan el aborto a las mujeres que esperan un hijo con un defecto genético. En algunos países se acepta la eutanasia de niños cuya vida es considerada como inútil, pues padecen alguna enfermedad que hace prever que su muerte será inminente. En estos casos, para evitar gastos a la Sanidad pública, se practica la eutanasia como el mejor remedio al sufrimiento inútil. ¿Y que mejor forma de eliminar el sufrimiento que matar al que lo padece? Pero debiéramos preguntarnos: ¿acaso el sufrimiento se cura con la violencia de una muerte anticipada?

Los padres de Eliot, a sabiendas de que el niño que esperaban tenía pocas probabilidades de sobrevivir al parto o de superar los primeros meses, decidieron tener a su hijo y convertir su vida en una celebración del amor de Dios, conscientes de que “su hijo era sólo un préstamo que Dios les hacía, y que no se puede disponer de lo que únicamente a Dios pertenece”. Eliot vivió 99 días rodeado del amor de sus padres, y aportando, en su corta vida, mucho más de lo que recibió. Os invito a ver el vídeo elaborado por los padres de Eliot, que recoge lo que fueron esos escasos tres meses y que titularon “99 globos”, en referencia a los 99 globos que se lanzaron al cielo el día de su funeral. Es el mejor testimonio de que un niño enfermo, aún sin esperanza de vida, no es una estadística, no es un “gasto social”, es un ser humano cuya vida es sagrada, imagen de Dios.


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